La Generación del 27
Lorca pertenece a un grupo de poetas que une tradición popular (romances, canciones) y vanguardia (metáforas audaces, imágenes de sueño).
Cuaderno didáctico · BH-097
Federico García Lorca (1898–1936)
Ocho años de luto, cinco hijas encerradas y un deseo de libertad que nadie puede callar.
Lorca escribió La casa de Bernarda Alba en las últimas semanas antes de la Guerra Civil. Dos meses después de terminarla, fue asesinado.
Vida del autorObrasHistoria
Lorca pertenece a un grupo de poetas que une tradición popular (romances, canciones) y vanguardia (metáforas audaces, imágenes de sueño).
En los pueblos de los años treinta, la vida de las mujeres estaba marcada por la honra, el luto, la Iglesia y la vigilancia de los vecinos.
Lorca quería renovar el teatro comercial de su época con dramas intensos, simbólicos y muy visuales. Aquí busca lo contrario de lo pintoresco: un «documental fotográfico» en blanco y negro.
Tras el entierro de su segundo marido, Bernarda impone a sus cinco hijas un encierro de ocho años: «Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas».
Se sabe que Pepe el Romano quiere casarse con Angustias, la mayor, la única que hereda dinero.
Adela, la menor, se pone un vestido verde y sale al corral; la abuela María Josefa escapa gritando que quiere casarse «a la orilla del mar».
La criada advierte a Adela de que conoce sus encuentros nocturnos con Pepe. Adela no se echa atrás.
Desaparece el retrato de Pepe que Angustias guardaba bajo la almohada. Aparece en la cama de Martirio.
El pueblo persigue a una soltera que ha matado a su hijo recién nacido. Bernarda pide «carbón ardiendo»; Adela se lleva las manos al vientre.
De noche, Martirio sorprende a Adela volviendo del corral. Adela rompe el bastón de su madre: «Esto hago yo con la vara de la dominadora».
Bernarda dispara a Pepe, que huye; Martirio dice que lo ha matado. Adela se ahorca. Bernarda ordena que se diga que ha muerto virgen y exige silencio.
La madre, 60 años
Autoritaria, obsesionada con la honra y con el qué dirán.
«En esta casa no hay un sí ni un no. Mi vigilancia lo puede todo.»
La hija menor, 20 años
Rebelde y vital; quiere vivir su deseo aunque le cueste todo.
«¡Mi cuerpo será de quien yo quiera!»
Hija, 24 años
Enferma, resentida y celosa; también ama a Pepe.
«Las cosas se repiten. Y veo que todo es una terrible repetición.»
La hija mayor, 39 años
Hija del primer marido y heredera; Pepe la pretende por su dinero.
«¿Dónde está el retrato de Pepe que tenía yo debajo de mi almohada?»
Hija, 30 años
Llora al padre y se queja de su destino, pero no se rebela.
«Malditas sean las mujeres.»
Hija, 27 años
Tímida y temerosa; la más callada de las hermanas.
«Y mucho menos cuidar niños ajenos.»
Criada, 60 años
Conoce todos los secretos; avisa del desastre, pero nadie la escucha.
«Tus hijas están y viven como metidas en alacenas.»
Madre de Bernarda, 80 años
Loca para todos, dice en voz alta lo que las hijas callan: quieren casarse y ser libres.
«¡A casarme a la orilla del mar, a la orilla del mar!»
El pretendiente, nunca aparece
Es el deseo de todas y nunca sale a escena: está fuera, como la libertad.
Pasa el cursor (o toca) un personaje para ver sus relaciones.
Es el conflicto central. Bernarda impone el orden con su bastón; Adela representa el instinto de vivir. Entre ambas, las demás hermanas muestran distintos grados de sumisión.
«Esto hago yo con la vara de la dominadora.» Adela
¿Y hoy? ¿Hasta dónde puede una familia, un grupo o una red social decidir cómo vives?
Lo importante para Bernarda no es la verdad, sino lo que piense el pueblo. Por eso su última orden es mentir: Adela «ha muerto virgen».
«Hoy hay más finura. […] pero nos pudrimos por el qué dirán.» La Poncia
¿Y hoy? Piensa en la vida que mostramos en redes frente a la que llevamos de verdad.
Las hijas no pueden elegir pareja, trabajo ni salida. El deseo, prohibido, se vuelve envidia, enfermedad o tragedia.
«Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón.» Bernarda
¿Y hoy? ¿Qué ha cambiado y qué no en la igualdad entre hombres y mujeres?
Pepe elige a Angustias por su herencia, no por amor. Bernarda desprecia a los pobres y a los vecinos que considera inferiores.
«Los pobres son como los animales. Parece como si estuvieran hechos de otras sustancias.» Bernarda
¿Y hoy? ¿Pesa todavía el dinero en las relaciones de pareja o de amistad?
Toca cada tarjeta para descubrir qué significa.
Las escenas están desordenadas. Arrástralas o usa las flechas hasta dejarlas en orden y comprueba.
«Mi vigilancia lo puede todo.»
«¡Yo hago con mi cuerpo lo que me parece!»
«Las cosas se repiten. Y veo que todo es una terrible repetición.»
«Tus hijas están y viven como metidas en alacenas.»
«Malditas sean las mujeres.»
«¡A casarme a la orilla del mar, a la orilla del mar!»
ESO ¿Por qué impone Bernarda ocho años de luto?
La obra empieza justo después del entierro del segundo marido de Bernarda.
ESO ¿Por qué quiere Pepe el Romano casarse con Angustias?
Angustias es hija del primer marido y la única con fortuna propia.
ESO ¿Quién roba el retrato de Pepe?
Aparece en la cama de Martirio, que también está enamorada de Pepe.
ESO ¿Qué hace Adela con el bastón de su madre?
Romper el bastón es romper la autoridad de Bernarda.
ESO ¿Qué mentira provoca el final trágico?
Martirio dice que Pepe ha muerto; Adela, desesperada, se quita la vida.
Bach ¿Qué personaje dice en voz alta lo que las hijas callan?
La abuela, tomada por loca, expresa el deseo de casarse y de libertad.
Bach ¿Qué significa que Pepe el Romano nunca aparezca en escena?
Su ausencia refuerza el encierro: el mundo masculino y el deseo quedan al otro lado de los muros.
PAU Lorca dijo que los tres actos tenían la intención de…
Lo advierte al principio de la obra: busca una mirada sobria, en blanco y negro.
PAU ¿Qué tienen en común los nombres Angustias, Martirio y Prudencia?
Son nombres parlantes: dicen algo de quien los lleva.
Bach ¿Cuál es la última palabra de la obra?
Bernarda cierra la obra como la abrió: imponiendo silencio.
Situación. Acto III, escena final. Bernarda ha disparado contra Pepe, que ha huido; Martirio ha dicho que está muerto. La Poncia acaba de descubrir que Adela se ha ahorcado.
BERNARDA.— No. ¡Yo no! Pepe: irás corriendo vivo por lo oscuro de las alamedas, pero otro día caerás. ¡Descolgarla! ¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestirla como si fuera doncella. ¡Nadie dirá nada! ¡Ella ha muerto virgen! Avisad que al amanecer den dos clamores las campanas.
MARTIRIO.— Dichosa ella mil veces que lo pudo tener.
BERNARDA.— Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) Las lágrimas cuando estés sola. ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!
El fragmento cierra La casa de Bernarda Alba. Adela, la hija menor, se ha quitado la vida al creer muerto a Pepe el Romano, y Bernarda reacciona no con dolor, sino con órdenes. Su primera preocupación es la honra: repite dos veces que su hija «ha muerto virgen» y manda vestirla «como si fuera doncella». La verdad importa menos que lo que dirá el pueblo («¡Nadie dirá nada!»).
El texto se organiza en dos intervenciones de Bernarda separadas por una frase de Martirio. En la primera, Bernarda se dirige a Pepe con una amenaza y después impone una versión oficial de los hechos; en la segunda, prohíbe el llanto y exige silencio. Entre ambas, Martirio deja escapar su envidia: Adela, al menos, «lo pudo tener». Ni ante la muerte se libra la casa de los celos.
La lengua es breve, imperativa y exclamativa, como la de un juez. Las repeticiones («virgen», «silencio») funcionan como un martillo y la metáfora «mar de luto» cierra el círculo del agua: el mar que soñaba María Josefa como libertad se convierte aquí en un mar de muerte. La obra termina igual que empezó, con la palabra «silencio».
En conclusión, el final muestra que el sistema de Bernarda no aprende nada: la tragedia se tapa con otra mentira, y el encierro y el luto continuarán. Lorca denuncia así una sociedad que prefiere la apariencia a la vida, un tema que hoy, en tiempos de imágenes cuidadas y vidas expuestas, sigue interpelando al lector.
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Bernarda es la madre de cinco hijas y acaba de enterrar a su segundo marido. Es autoritaria y obsesionada con la honra: impone ocho años de luto («hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas») y controla cada paso de sus hijas con su bastón. Al final, ante la muerte de Adela, solo le preocupa que el pueblo crea que ha muerto virgen.
Pepe es el pretendiente de Angustias y el amante secreto de Adela. No aparece porque la obra solo muestra el interior de la casa, donde no entran los hombres: él está fuera, como la libertad que desean las hijas. Así, Lorca hace que lo sintamos todo el tiempo sin verlo nunca.
Imagina que las hijas de Bernarda tienen un grupo de mensajería. Escribe los 10–12 mensajes que se envían la noche del acto III, antes del final. Respeta el carácter de cada una.
Pepe el Romano nunca habla. Escribe su monólogo (unas 150 palabras) la noche en que huye del corral. ¿Qué siente? ¿Qué calla?
Escribe una escena breve, ambientada en la actualidad, en la que el miedo a la opinión ajena impida a alguien decidir sobre su vida.
Palabras de la obra que conviene entender, sacadas de las notas de nuestra edición. Toca para girar.
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