BH-045
El sí de las niñas · La comedia nueva
Leandro Fernández de Moratín (1760–1828)
Una chica de dieciséis años, una boda concertada y el derecho a decir que no.
- Notas
- 53
- Estudio preliminar
- 3.731 palabras
- Páginas
- 159
- Época
- Ilustración
BH-045
Leandro Fernández de Moratín (1760–1828)
Una chica de dieciséis años, una boda concertada y el derecho a decir que no.
Un fragmento tal como aparece en el libro. Las notas resuelven el vocabulario, la historia y las fuentes; pulsa un número para leer la nota entera.
Comedia en tres actos, en prosa, estrenada en 1806.
Personajes
La escena es en una posada de Alcalá de Henares.posada de Alcalá de Henares Villa histórica y ciudad universitaria a seis leguas de Madrid, parada obligada de postas en el camino real de Aragón y Cataluña, elegida por Moratín como punto de confluencia geográfico verosímil entre el claustro provinciano de Guadalajara y la corte.
El teatro representa una sala de paso con cuatro puertas de
habitaciones para huéspedes, numeradas todas. Una más grande
en el foro, con escalera que conduce al piso bajo de la casa.
Ventana de antepechoVentana de antepecho Ventana provista de pretil o barandilla a la altura del pecho que no sobresale de la fachada; en el Acto III se convertirá en el gozne dramático decisivo por donde don Carlos arroja la carta que precipita la anagnórisis y el desenlace. a un lado. Una mesa en medio, con banco,
sillas, etc.
_La acción empieza a las siete de la tarde, y acaba a las cinco de la
mañana siguiente._
Acto I
Escena I
DON DIEGO, SIMÓN.
*Sale don Diego de su cuarto. Simón, que está sentado en una silla,
se levanta.*
DON DIEGO.— ¿No han venido todavía?
SIMÓN.— No, señor.
DON DIEGO.— Despacio la han tomado por cierto.
SIMÓN.— Como su tía la quiere tanto, según parece, y no la ha visto
desde que la llevaron a Guadalajara...
DON DIEGO.— Sí. Yo no digo que no la viese; pero con media hora de
visita y cuatro lágrimas, estaba concluído.
SIMÓN.— Ello también ha sido extraña determinación la de estarse
usted dos días enteros sin salir de la posada. Cansa el leer,
cansa el dormir... Y sobre todo cansa la mugre del cuarto, las
sillas desvencijadas, las estampas del hijo pródigo, el ruido de
campanillas y cascabeles, y la conversación ronca de carromateros y
patanes, que no permiten un instante de quietud.
DON DIEGO.— Ha sido conveniente el hacerlo así. Aquí me conocen todos,
y no he querido que nadie me vea.
SIMÓN.— Yo no alcanzo la causa de tanto retiro. ¿Pues hay más en esto
que haber acompañado usted a doña Irene hasta Guadalajara, para sacar
del convento a la niña y volvernos con ellas a Madrid?
DON DIEGO.— Sí, hombre, algo más hay de lo que has visto.
SIMÓN.— Adelante.
DON DIEGO.— Algo, algo... Ello tú al cabo lo has de saber, y no puede
tardarse mucho... Mira, Simón, por Dios te encargo que no lo digas...
Tú eres hombre de bien, y me has servido muchos años con fidelidad...
Ya ves que hemos sacado a esa niña del convento y nos la llevamos a
Madrid.
SIMÓN.— Sí, señor.
DON DIEGO.— Pues bien... Pero te vuelvo a encargar que a nadie lo
descubras.
SIMÓN.— Bien está, señor. Jamás he gustado de chismes.
DON DIEGO.— Ya lo sé, por eso quiero fiarme de ti. Yo, la verdad,
nunca había visto a la tal doña Paquita; pero mediante la amistad
con su madre, he tenido frecuentes noticias de ella; he leído muchas
Colación crítica de la princeps madrileña de 1806 (Imprenta de Villalpando) para El sí de las niñas, contrastada con las correcciones autógrafas de Moratín en sus Obras dramáticas y líricas (París, 1825).
Cuatro páginas con lo esencial de El sí de las niñas · La comedia nueva, preguntas de examen con pautas de respuesta y un comentario resuelto, para ESO, Bachillerato y la PAU. Gratis, en la web o en PDF para imprimir.
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