FÍGARO.— Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé Vuelva usted mañana...
FÍGARO.— ...que todas las noches y muchas tardes he querido, durante todo este tiempo, escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz, diciéndome a mí mismo con la más pueril credulidad: «¡Eh! ¡mañana le escribiré!»
FÍGARO.— Da gracias a que llegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!
Leer el comentario modelo
«El pasaje citado constituye el cierre memorable de Vuelva usted mañana (1833), uno de los artículos de costumbres más representativos del genio satírico de Mariano José de Larra. Tras haber guiado al lector por la frustrante peripecia de Monsieur Sans-délai —el extranjero que pretendía resolver sus negocios mercantiles en quince días y termina consumiendo seis meses en antesalas burocráticas—, Fígaro opera un magistral quiebro deconstructivo. En lugar de mantener la distancia soberbia del censor ilustrado, confiesa haber pospuesto durante meses la redacción del texto por ese mismo pecado de indolencia que acaba de fustigar. Este recurso de autorreflexión irónica desarma al lector y universaliza el diagnóstico: la pereza no es solo un defecto administrativo, sino un vicio estructural arraigado en la psicología colectiva. La cláusula final, con su sombría advertencia sobre “aquel mañana que no ha de llegar jamás”, trasciende la chanza periodística para cobrar una densidad existencial trágica, prefigurando la desesperanza histórica que caracterizará la producción madura de Larra».