POETA.— Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán.
POETA.— Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡ésas... no volverán!
POETA.— Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar... pero aquellas cuajadas de rocío... ¡ésas... no volverán!
POETA.— Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar... pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar... ¡como yo te he querido... desengáñate, así no te querrán!
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«La inmortal Rima LIII de Gustavo Adolfo Bécquer constituye la cima indiscutible de la lírica posromántica hispánica y un modelo insuperable de composición paralelística. Construida mediante una rigurosa arquitectura estrófica de tres movimientos binarios, la composición opone la circularidad regenerativa del cosmos al carácter unilineal y trágico de la existencia humana. La naturaleza repetirá cíclicamente sus dones —el anidar de las golondrinas, el brotar de las madreselvas—, pero aquellos especímenes concretos que fueron testigos cómplices de la dicha compartida están condenados a la no repetición. Esta antítesis se traslada en la estrofa final al ámbito de la afectividad íntima: otros pretendientes rondarán a la amada con palabras ardientes, pero la veneración sacra, pura y desinteresada del yo lírico —evocada con la sobrecogedora imagen del devoto arrodillado ante el altar— jamás hallará réplica. La sobriedad de la rima asonante aguda y el quiebro del verso quebrado final confieren al desengaño una resonancia melancólica universal que trasciende la anécdota biográfica para convertirse en elegía del tiempo irrecuperable».